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sábado, 7 de marzo de 2015

Los cinco "venenos" que consumimos a diario


La verdad del chocolate


El chocolate puede perjudicar la espalda


La FDA finalmente admite que el pollo contiene arsénico que causa cáncer

Después de años de esconder el problema esperando que nadie se diera cuenta, la FDA (Food and Drug Administration) de los Estados Unidos ha admitido por fin que la carne de pollo que se vende en este país contiene arsénico, un químico tóxico que causa cáncer y que es mortal en dosis elevadas. Pero la verdadera historia es saber de dónde proviene el arsénico. ¿Están listos para la revelación? ¡Se agrega a la alimentación de las gallinas a propósito!

La FDA finalmente admite que el pollo contiene arsénico que causa cáncer

Peor aún, la FDA dice que su propia investigación demuestra que elarsénico añadido a la alimentación de los pollos termina en la carne que consumen los humanos. Así que durante los últimos sesenta años, los consumidores estadounidenses que comen pollo han estado consumiendo arsénico, un conocido químico cancerígeno.
Hasta antes de que se publicara este nuevo estudio, tanto la industria avícola como la FDA negaban que el arsénico que daban a los pollos terminaba concentrado en su carne. La excusa es que todos hemos sido alimentados durante sesenta años y que el arsénico se excreta en las heces de pollo. Nunca hubo base científica para hacer tal afirmación; simplemente era lo que la industria avícola quería que todos creyeran. Ahora la evidencia es tan innegable que el fabricante del producto de alimentación de pollos conocido como Roxarsone ha decidido retirar el producto de los estantes. Curiosamente, el fabricante que ha estado poniendo arsénico en la alimentación de los pollos todos estos años es Pfizer, la misma compañía que fabrica las vacunas que contienen substancias químicas que se inyectan en los niños.
Técnicamente, los productores de Roxarsone son una subsidiaria de Pfizer, llamada Alpharma LLC. Aunque Alpharma ha acordado retirar la dosificación tóxica de los estantes en los Estados Unidos, dice que no necesariamente lo eliminará de los productos de alimentación para pollos que se venden en otros países (léase países en vías de desarrollo), a menos que sea obligado por los reguladores para hacerlo.
Scott Brown de la división de Desarrollo de Medicina Veterinaria de la Investigación y de Pfizer Animal Health, manifestó a las agencias noticiosas que la compañía también vende este ingrediente a una docena de otros países. Dijo que Pfizer está tratando de llegar a las autoridades reguladoras de esos países para decidir si lo venden de forma individual.
Pero a pesar de que la verdad ya ha salido a la luz, la FDA continúa su campaña de negación, alegando que el arsénico en los pollos se encuentra en un nivel tan bajo que aún es seguro para el consumo a pesar de ser un carcinógeno.
El Consejo Nacional del Pollo está de acuerdo con la FDA. En un comunicado emitido en respuesta a la noticia del retiro del Roxarsone señalaron que el pollo es seguro para comer incluso admitiendo que el arsénico se utiliza en muchos criaderos que venden carne de pollo en los Estados Unidos.
Y aparte de todo este cóctel de arsénico, antibióticos, toxinas y demás, no debemos olvidar la infinita crueldad en la producción de carne de pollo.
Piénsalo por un momento. Si en los países industrializados que viven normados con reglas, estatutos, leyes alusivas y multas significativas aún se masacra impunemente a los pollos como se ve en el video adjunto, ¿qué crees que sucede en los mataderos de los informales países latinoamericanos donde las regulaciones no se cumplen y las leyes están de adorno? Si las condiciones higiénicas en los mataderos de los países industrializados se descubren infracciones sanitarias considerables, ¿qué crees que sucede en los países latinos? ¿Qué substancias indeseables crees que acompañan a tu platillo favorito? Sangre contaminada, heces, orina, tripas, más los demás contaminantes incluidos por los trabajadores de las plantas de procesamiento: tos, flemas, mocos, sangre, escupitajos y ¡sabe Dios qué menjunjes más que le darán a tu pollito con papas un sabor de lo más especial!
No tienes que ser un genio para entender que te estás envenenando, por tu propia mano, paulatina y peligrosamente. Entonces, ¡haz algo para evitarlo ya mismo! La decisión está en tus manos.
Ecoportal.net
Animalia Latina

La gran contradicción de la Medicina



Este es un asunto controvertido, que provoca reacciones airadas y muchas veces irreflexivas.

Podríamos considerarlo casi como un tema tabú en nuestra sociedad, pues nos enfrenta con una de esas “verdades inviolables” y comúnmente aceptadas que sostienen el Sistema en pie.

Y todo arranca de una pregunta bien simple…

¿Cómo gana dinero un médico o un farmacéutico?

Y es que responder a esta pregunta nos lleva de cabeza a una de las paradojas más absurdas del mundo actual.

Pues resulta que tu médico o tu farmacéutico solo ganan dinero cuando estás enfermo.

De hecho, toda la industria de la medicina y la farmacia ganan dinero gracias a la enfermedad.

Llegados a este punto, una mente con una mínima capacidad de raciocinio debería preguntarse: si la medicina y la farmacia ganan dinero con la enfermedad ¿qué interés pueden tener estas grandes industrias en que estemos sanos?

Es un argumento tan lógico y obvio que resulta indignante y incluso descorazonador que nadie quiera aceptarlo como una realidad.

Para comprender mejor las implicaciones de este razonamiento, profundicemos un poco más, utilizando la lógica más simple.

Si relacionamos el negocio de la medicina y la farmacia con el estado de sus pacientes, veremos que sus ganancias se dirimen a través de 3 ecuaciones básicas:

ENFERMO = DINERO
SANO = POSIBLE GANANCIA FUTURA
MUERTO = GANANCIA NULA

Eso dibuja 2 esquemas de negocio básicos:

A-En el primero, se gana dinero gracias a la alternancia cíclica en el estado Sano-Enfermo de los pacientes. A mayor frecuencia en la aparición del estado “enfermo”, mayores oportunidades de ingreso cíclicas.

B-En el segundo, aún más óptimo, se gana dinero gracias a la enfermedad continuada en el tiempo, es decir, a la enfermedad crónica.

En ambos casos, es esencial ofrecer la suficiente calidad de vida al paciente para que siga sufragando el tratamiento y ante todo, evitar o posponer su muerte, pues ésta significaría el fin de los ingresos.

Queda claro pues, que la salud completa, en ningún caso implica ganancias.

En cambio, la enfermedad, siempre las garantiza.

Sabemos que éste es un argumento chocante, pero por más vueltas que le demos, es la pura realidad.

Quizás deberíamos dejar de calificar a la medicina y a la farmacia como “ciencias de la salud” y empezar a llamarlas “ciencias de la enfermedad”, ¿no?

Evidentemente, no estamos diciendo que los médicos no se interesen por la salud de sus pacientes o que promuevan la proliferación de enfermedades.

Los médicos, como personas y como profesionales quieren lo mejor para sus pacientes y aplican todos sus conocimientos, procedentes de la educación recibida, en devolver la salud a las personas enfermas.

Pero la clave reside precisamente aquí. En la educación recibida por parte de los médicos. Es decir, en cómo se les han transmitido los conocimientos.

Porque lo cierto es que desde que acceden a la facultad de medicina, son entrenados y educados para formar parte de la industria médico-farmacéutica y adaptarse a sus lógicas de funcionamiento, de la misma forma que un soldado es entrenado y educado para formar parte de un ejército y adaptarse a sus lógicas de funcionamiento.

Siguiendo estas mismas lógicas, la industria farmacéutica gana inmensas cantidades de dinero gracias a la enfermedad, de la misma manera que la industria armamentística gana inmensas cantidades de dinero gracias a la guerra.

Y llegados hasta aquí, ¿no resultaría muy ingenuo pensar que la industria farmacéutica promueve la salud? ¿O es que acaso alguien imagina a un fabricante de armas promoviendo la paz en el mundo?

Como vemos, la relación y la influencia que ejerce la industria armamentística sobre el mundo militar, es análoga a la que ejerce la industria farmacéutica sobre el mundo de la medicina. Ambas industrias instrumentalizan a aquellos que “usan sus productos” en el ejercicio de su desempeño profesional.

No es disparatado pensar que utilizarán parte de su inmenso poder económico en influir en la educación o programación de los médicos y los farmacéuticos, aquellos que el día de mañana deberán seguir garantizando que el esquema de negocio continúe.

Así pues, es lógico pensar que todo el conocimiento relativo a la medicina y a la farmacia está orientado para adaptarse a la lógica de negocio “enfermedad=dinero”.

Sin duda habrá lectores que se estarán tirando de los pelos de la cabeza.

Para empezar, porque aceptar esta realidad choca con sus concepciones más profundamente arraigadas.

Sería tanto como admitir que la ciencia puede pervertirse por amor al dinero. Algo inconcebible en la mente inocente de muchas personas, que creen que el mundo de la ciencia es algo puro e incólume, poblado por hombres sabios e íntegros que como ángeles ataviados con batas blancas, ponen su intelecto al servicio del bienestar humano de forma desinteresada.

A estas personas, deberíamos recordarles que TODAS las armas del mundo, tanto convencionales como de destrucción masiva han sido creadas por científicos. TODOS los desastres ambientales, desde los vertidos petrolíferos hasta la contaminación química o radiactiva, habrían sido imposibles sin la implicación directa del mundo científico, al servicio de la codicia más desenfrenada.

El mundo de la ciencia no está formado por seres superiores, sino por personas normales, tan corruptas, codiciosas e inconscientes como lo pueda ser cualquier otro colectivo humano.

Pero volvamos a centrarnos de nuevo en el mundo de la medicina y en la perversa lógica “enfermedad=dinero” y a los argumentos que pueden esgrimirse en contra de ésta afirmación.

Sin duda, habrá muchas personas que afirmarán que: “la enfermedad es consustancial a la vida humana y a la naturaleza y que la actividad de la medicina consiste, precisamente, en luchar contra la enfermedad”

Es decir, concluirán que el cometido de las industrias médica y farmacéutica es luchar contra las enfermedades y que por lo tanto, de forma lógica y natural, la inevitable aparición de la enfermedad reporta beneficios a ambas industrias, sin que ellas tengan la culpa de ello.

¿Pero sería posible que la medicina y la farmacia centraran sus esfuerzos y su negocio en la salud y no en la enfermedad?

Vamos a razonarlo.

Para que este modelo fuera factible, el médico solo debería ganar dinero mientras el paciente estuviera sano.

Y dejar de ganarlo mientras estuviera enfermo.

Las 3 anteriores ecuaciones del negocio médico-farmacéutico se transformarían en las siguientes:

ENFERMO = GANANCIA NULA
SANO = DINERO
MUERTO = GANANCIA NULA

Así, el médico centraría sus esfuerzos en que sus pacientes mantuvieran la salud todo el tiempo, previniendo la enfermedad antes de que ésta apareciera y por lo tanto estudiando y atacando sus causas y no sus consecuencias.

Y en el caso de que el paciente cayera enfermo, el médico se esforzaría en devolverlo lo más pronto posible a su estado saludable, para volver a ganar dinero con él y mantener su prestigio profesional.

El papel del farmacéutico sería complementario y consistiría, básicamente, en suministrar aquellos productos necesarios para fortalecer y prolongar la salud del paciente, y en su caso, los necesarios para combatir la enfermedad cuando ésta apareciera.

Como podemos deducir, según este modelo, el farmacéutico estaría más relacionado con el mundo de la nutrición que con el de la química.

Esta forma de funcionar, que a mucha gente le puede parecer fantasiosa, ya ha funcionado con anterioridad.

Recordemos que en la antigua China, los médicos cobraban un salario por mantener sanos a sus pacientes y dejaban de percibirlo cuando éstos enfermaban, hecho que repercutía negativamente en su prestigio profesional y por lo tanto, en sus ganancias.

¿Te parece, pues, un modelo absurdo?

¿Más absurdo que una industria médico-farmacéutica que sólo gana dinero cuando estás enfermo?

Evidentemente, tal y como está estructurada nuestra sociedad actual, este modelo resulta muy difícil de aplicar, a pesar de resultar mucho más lógico y potencialmente beneficioso para el paciente.

Y llegados aquí, quizás deberíamos preguntarnos: ¿porqué desde sus inicios la medicina optó por un modelo en el que la ganancia se asocia a la enfermedad y no a la salud?

Y la respuesta no puede ser más triste: todo gira alrededor del poder.

La enfermedad es un período excepcional de crisis en la vida de una persona, en la que el enfermo, desesperado, se muestra dispuesto a ceder o pagar lo que sea necesario para salvar su vida y el médico se erige en la única figura con capacidad para conseguirlo.

Por esa razón la medicina centra su actividad en la enfermedad, porque es la situación crítica que implica mayor acaparamiento de poder y autoridad, fluyendo desde el paciente hacia el medico.

Lo hemos visto a lo largo de la historia, donde incluso reyes y emperadores se han inclinado ante sus galenos.

En cambio, si la medicina centrara sus esfuerzos en mantener la salud del paciente, la situación de crisis asociada a la enfermedad correría en contra del médico, pues durante su transcurso perdería prestigio social y desaprovecharía esa oportunidad única en la que el enfermo está dispuesto a conceder mayor dinero, poder y autoridad a su médico.

Por lo tanto, la medicina no ha evolucionado alrededor del concepto de salud; lo ha hecho alrededor de la autoridad y el prestigio social.
Y de las ganancias que éstos acarrean.

Y estos beneficios solo se pueden obtener a través de la enfermedad.

Un funcionamiento completamente opuesto al que debería ser.

Ésta es la gran contradicción de la medicina.

Se basa en mecanismos tan simples que cualquier persona puede entenderlos.

Sin embargo y a pesar de tenerlo enfrente de nuestras narices, el mundo sigue cerrando los ojos a ésta realidad tan obvia.

Y es que el mundo no está lleno de ciegos, sino de personas que no quieren abrir los ojos…

FUENTE:
http://gazzettadelapocalipsis.com/2014/10/14/la-gran-contradiccion-de-la-medicina-que-nadie-quiere-afrontar/

MAÍZ TRANSGÉNICO en la Harina Pan de Empresa Polar?

Según la Organización Mundial de la Salud, los transgénicos son organismos genéticamente modificados (OGM) en los cuales el material genético (ADN) ha sido alterado de modo artificial. Se le denomina “biotecnología moderna”, o “ingeniería genética”, que transfiere genes seleccionados individuales de un organismo a otro, incluso entre especies no relacionadas como los genes de animales a plantas, por ejemplo.

Los transgénicos siempre  han existido entre una misma especie en la Agrotecnología, el tema es que el cruce entre especies totalmente distintas que ha comenzado a despuntar, y que ha producido un juego macabro en total irrespeto con la naturaleza. Vean Modificación genética: los científicos trabajan por un mundo estilo Frankestain

El maíz transgénico es capaz de segregar en su propio tejido vegetal un insecticida durante todo su ciclo vegetativo, mientras que estos polinizan y se cruzan con maíz convencional y ecológico, creando un impacto sobre la apicultura y sobre la agricultura ecológica.

Es grave lo que acabas de leer: un maíz que literalmente tiene en su ADN, INSECTICIDA.

Enlace donde Greenpeace contabiliza el harina pan como producto transgénico.

precocida

Es indispensable certificar qué está ocurriendo con este producto, ya que su manifactura está centrada en las Empresas Polar y en Venezuela, está prohibida la importación de semillas transgénicas explícitamente por la Asamblea Nacional de Venezuela.


Artículo por:https://despierten.wordpress.com/2013/05/16/denuncia-famosa-harina-pan-empresas-polar-aparentemente-maiz-transgenico/

Experimentos médicos de EE.UU. causaron el brote de ébola"



Un científico de la Universidad de Liberia afirma que el brote actual del virus de ébola en África fue originado por experimentos médicos llevados a cabo por agencias gubernamentales estadounidenses.

El doctor Cyril Broderick, científico liberiano que trabajaba como profesor de fitopatología en la Universidad de Liberia, presupone que Occidente, EE.UU. en particular, es el causante del brote de ébola en el oeste de África, según sostiene en un artículo publicado en el periódico 'Daily Observer' de Monrovia.

Según Broderick, el Departamento de Defensa de EE.UU. financió experimentos con el ébola en seres humanos varias semanas antes del brote en Guinea y Sierra Leona. En concreto, el científico liberiano, sostiene que el Departamento de Defensa pagó 140 millones de dólares a la empresa farmacéutica canadiense Tekmira para que llevara a cabo los estudios.

Broderick acusa al Gobierno de EE.UU. de llevar a cabo un experimento de "bioterrorismo" en la ciudad de Kenema, en Sierra Leona. "Necesitamos acciones de protección en países menos desarrollados, en particular, en África, que tienen menos potencial científico e industrial en comparación con EE.UU. y la mayoría de los países de Occidente, que son una fuente de OGM utilizados como armas biológicas", escribe el doctor en su artículo.

El Gobierno de EE.UU. ya realizó experimentos con infecciones mortíferas en humanos en el pasado, según admitió el Departamento estadounidense de Salud y Servicios Sociales en su sitio oficial. Entre 1946 y 1948 el presidente Harry Truman, en colaboración con su homólogo de Guatemala, Juan José Arévalo, permitió la infección de más de 1.500 soldados, prostitutas, prisioneros y pacientes de hospitales psiquiátricos con sífilis, gonorrea y chancroide. Ninguno de los pacientes dio su consentimiento para tomar parte en los estudios. La profesora Susan M. Reverby, del Wellesley College, relató sobre el descubrimiento de estos experimentos en un artículo publicado por 'The Boston Globe' en 2010.

Según los registros del experimento en Guatemala, el Gobierno del país habría estado al tanto de los estudios y habrían sancionado la infección, probablemente, opina la profesora, a cambio del suministro de penicilina.

Francis Boyle, profesor de la Universidad de Illinois, EE.UU., afirma que las agencias gubernamentales estadounidenses cuentan con un largo historial en lo que se refiere a estudios de armas biológicas en laboratorios en Liberia y Sierra Leona. Según Boyle, entre estos organismos se encuentra el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés), que actualmente es el máximo organismo para la prevención del ébola en EE.UU.

En 2025, la mitad de los niños serán autistas por el glifosato

El de la doctora Stephanie Seneff es uno de los nombres más polémicos de la ciencia estadounidense, especialmente después que denunciase que los alimentos genéticamente modificados (OGM) han disparado el número de enfermedades crónicas, así como las alergias alimentarias y otras dolencias como la diabetes, el alzhéimer, el párkinson, la esclerosis múltiple o el síndrome de colon irritable, entre muchos otros. Los últimos trabajos de esta científica del MIT ponen su foco en el autismo, una enfermedad cada vez más frecuente y de la que, sin embargo, aún disponemos de poca información.
Según la presentación que realizó el pasado mes de junio, el glifosato, componente principal del herbicida Roundup, es el principal causante de que estas enfermedades se hayan disparado de forma tan rápida, así como la intolerancia al gluten. El problema es que dicho herbicida es producido por Monsanto, el mayor fabricante mundial de semillas transgénicas y una de las multinacionales más poderosas del mundo, que ha defendido la seguridad de su producto en su propia página web. Muchos no han tardado en desacreditar la teoría de Seneff, como ocurre con la veterana periodista de nutrición Tamar Haspel en las páginas de The Huffington Post. En dicho artículo, la autora recuerda que no se trata más que pura especulación, no refrendada por ningún dato y, además, desvela que Seneff está especializada en ciencia computacional e ingeniería eléctrica, y que su interés por la alimentación es reciente.
Sea como sea, lo que es innegable es que la prevalencia del autismo ha aumentado sensiblemente durante las últimas décadas, y aún no hemos sido capaces de llegar a un consenso sobre la misma. Actualmente, alrededor de uno de cada 175 niños de todo el mundo nace con este trastorno, aunque varía en cada país. En Estados Unidos, la prevalencia se encuentra actualmente en el 1,5%, mientras que en 1975, tan sólo uno de cada 5.000 niños tenía autismo, según los datos publicados por K. Wintraub en un artículo publicado enNature. Seneff utiliza este cuadro para trazar su previsión y asegurar que, si el crecimiento sigue estable, para el año 2025 la mitad de los niños podría sufrir autismo.
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Uno de los principales problemas con el autismo es que, en la mayor parte de casos, sus causas son desconocidas. Como explicaba dicho artículo de Wintraub, en un 46% es imposible explicar el origen del trastorno, aunque aduce otras razones por las que se haya disparado el número de diagnósticos. Es el caso de que algunos de los que simplemente habrían sido considerados como víctimas de retraso mental ahora se clasifican como autistas (25%) o aquellos que encajan en la descripción por un mayor conocimiento de la enfermedad (15%). No existe un consenso sobre los orígenes de la enfermedad, que se atribuyen tanto a causas genéticas (los hermanos mellizos suelen desarrollar de igual manera la enfermedad) o alteraciones neurológicas.

El estudio presenta una correlación casi perfecta entre el aumento de la utilización de glifosatos y la prevalencia del autismo aunque la correlación no tiene por qué significar causalidad.

Más preocupante aún resulta que el autismo se deba a agentes ambientales, como la exposición a determinadas sustancias durante el embarazo, algo se encontrarían en sintonía con la tesis defendida por Seneff. Esta presenta una correlación casi perfecta entre el aumento de la utilización de glifosatos y la prevalencia del autismo aunque, como de costumbre, la correlación no tiene por qué significar causalidad. Según la teoría de la científica del MIT, el glifosato inhibe las encimas CYP (citopromo p450), activas en muchos procesos metabólicos, y daña la ruta del ácido skihímico, que sin embargo sólo es llevado a cabo por bacterias, plantas, algas y hongos, pero no por animales, algo que sus detractores o la propia Monsanto han planteado como una importante inconsistencia. Seneff aclara, a tal respecto, que la bacteria estomacal sí realiza dicho proceso, y que es necesaria para proveernos con aminoácidos esenciales.
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Otra dificultad con la que se encuentran dichas investigaciones es que no han podido demostrar la correlación entre el compuesto y su supuesto efecto pernicioso entre hombres. Pero Seneff recuerda que este efecto es acumulativo, y que es imposible que se refleje en estudios a corto plazo, como los que se han realizado hasta el momento. Tan sólo una investigación a largo término podría demostrar dicha vinculación.
El estudio publicado en la revista Entropy y realizado junto a Anthony Sampel fue calificado como “falaz”por un artículo en The Examiner, que recordaba que este no había aportado ninguna información, sino que se había limitado a revistar otros estudios previos, algunos de los cuales habían sido desacreditados, como aquel en el que Gilles-Eric Sérallini aseguraba que las comidas genéticamente modificadas provocaban la aparición de tumores en ratas.

La única solución, para Seneff, es esa: prohibir por completo la utilización del glifosato en agricultura.

El glifosato, explican los investigadores, puede encontrarse en la orina y en la sangre de las embarazadas. En Estados Unidos, estos niveles son 10 veces superiores a los de Europa. Y algunos de los biomarcadores del autismo como el mal funcionamiento de la bacteria estomacal, la deficiencia en metionina, el desorden mitocondrial o el síndrome de deficiencia de la aromatasa pueden ser producto de una única causa, el tan peligroso glifosato. En una entrevista con Alternet, Seneff aclaraba que en Sri Lanka o El Salvador, muchos trabajadores del campo morían jóvenes de problemas renales causados por el glifosato, lo que ha provocado suprohibición en dichos países. La única solución, para Seneff, es esa: prohibir por completo la utilización del glifosato en agricultura.
Como cada vez que aparece una disputa semejante, es complicado saber quién tiene razón y quién no, y sobre todo, hasta qué punto. Ni siquiera un experto en química y nutrición podría asegurar la falsedad o verosimilitud de dichas investigaciones sin dedicarse, por su cuenta, a investigarlo, y ni aun así llegaría a una conclusión definitiva. Además, siempre quedará la sospecha de la influencia que grandes corporaciones ejercen no sólo sobre diversos científicos a nivel individual, sino también cómo esto condiciona a la comunidad científica en general. Mientras tanto, el número de autistas, probablemente, seguirá creciendo.
Artículo por: Héctor G. Barnés / ElConfidencial